El populismo contra la libertad académica

Los líderes populistas pretenden que la gente crea que sólo ellos poseen la verdad. Cualquier tema es motivo para que desplieguen esa supuesta y a menudo forzosa infalibilidad. Economía, Medio Ambiente, vacunas, historia, delincuencia, corrupción de tales líderes o sus cercanos… asuntos en los que reiteran su rechazo a cualquier discusión. Al considerarse la voz del pueblo, que es su pretexto y jamás se equivoca, los dirigentes populistas descartan cualquier información e interpretación que no sean las suyas.

Mientras más tiempo se mantienen en el poder los dirigentes populistas se confrontan con mayor reiteración con otras fuentes y datos, sobre todo si están respaldados por verificaciones especializadas. Los medios de comunicación independientes y las instituciones científicas suelen estar en la mira de esos dirigentes que no toleran disidencia alguna. “Son intolerantes a cualquier pensamiento crítico que cuestione o evalúe críticamente sus planes, programas y estilo de gobierno” explican los investigadores Víctor Hernández Huerta y María Inclán.

Los líderes populistas, “como fueron elegidos democráticamente, tienden a justificar sus ataques a la libertad académica como medidas necesarias para representar la voluntad general de quienes los pusieron en el poder”, explican. El populismo aborrece a las instituciones académicas que aportan al debate público información y puntos de vista que no controlan sus gobiernos. Las verdades de la ciencia a menudo contradicen sus admoniciones, como sucedió hace cinco años en la pandemia, cuando diversos gobernantes populistas menospreciaron la gravedad del Covid-19 a pesar de las advertencias de los científicos.

Hernández Huerta e Inclán, de la Wake Forest University en Carolina del Norte y el CIDE, respectivamente, acaban de publicar un artículo académico sobre los quebrantamientos a la libertad académica en los regímenes populistas. En circunstancias democráticas, las universidades se desempeñan con libertad y el poder político las respeta. Pero conforme avanza el populismo, señalan, la enseñanza y la investigación superiores encuentran más obstáculos. El texto apareció hace un par de semanas en la revista Perspectives on politics de la Universidad de Cambridge.

Esos investigadores sostienen: “Los líderes populistas tienden naturalmente a atacar la libertad académica porque entra en conflicto directo con sus valores y su visión del mundo”. El populismo, que se organiza en torno a un caudillo que se postula como encarnación y propietario de la verdad, no admite versiones distintas a las que él propaga.

La libertad académica es requisito para la investigación científica. En los años recientes varios gobiernos populistas, sobre todo cuando derivan en autoritarios, cancelaron o dificultaron las actividades de instituciones académicas que les resultan incómodas. La Universidad Centro Europea en Hungría, la Universidad del Bósforo en Turquía y la Universidad Centroamericana en Nicaragua, son mencionadas en el citado artículo que, además, relata el acoso del gobierno mexicano al Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

“Debido a que los líderes populistas utilizan una narrativa que simplifica cuestiones complejas, se basan en un liderazgo carismático y abogan por políticas que resuenan con el sentimiento popular, las universidades y los académicos se convierten en un blanco natural en su intento de promover una comprensión simplista y maniquea del mundo y de controlar el flujo de información para moldear la opinión pública a su favor”, dicen esos autores.

Después de analizar y comparar con indicadores cuantitativos los discursos de dirigentes políticos y gobernantes en 59 países durante los veinte primeros años de este siglo, Hernández e Inclán encontraron que mientras más rasgos populistas hay en tales discursos, menor es la libertad académica: “Hay una fuerte asociación negativa entre el uso del discurso populista por parte de los líderes y la libertad académica, lo que indica que a medida que los líderes emplean una retórica más populista, la libertad académica tiende a disminuir”.

Esa comparación indica que, en términos generales, en los países con democracia hay pocas limitaciones a la libertad académica. Pero en donde se han instalado gobiernos populistas o autoritarios, hay deterioros significativos para esa libertad. Así ha ocurrido en Hungría, India, Nicaragua y Turquía. Al mismo tiempo, “otros países experimentaron un declive más abrupto de la libertad académica”; eso sucede en Brasil, Bolivia y México. En esa lista se podría incluir el acoso que Donald Trump ha desplegado este año contra las universidades en Estados Unidos. Entre las pancartas que destacaron el pasado sábado 18 de octubre en los dos millares de concentraciones y marchas del movimiento antiTrump en todo Estados Unidos podía leerse el lema “Stand Up for Science” (En defensa de la ciencia). Hernández e Inclán señalan que las restricciones a la libertad académica ocurren en contextos populistas, con independencia del autoritarismo de cada gobierno.

La libertad para la investigación científica y el análisis crítico florecen y se preservan en contextos de respeto a la discrepancia, debate público e instituciones capaces de favorecerlo. “En sociedades con niveles más altos de democracia liberal, la libertad académica tiende a ser más sólida. Los aspectos fundamentales de la democracia liberal, como la protección de los derechos individuales y de las minorías frente a la opresión del Estado y de la mayoría, junto con las instituciones para proteger esos derechos, como un sólido Estado de derecho y un poder judicial independiente, contribuyen todos ellos a fomentar un entorno donde prospere la libertad académica”, afirman Hernández e Inclán. Con frecuencia, podemos añadir, esa libertad es garantizada por la autonomía de las universidades.

En México, el presidente López Obrador intentó desacreditar a la UNAM y a otras instituciones académicas. Hernández e Inclán recuerdan que la hostilidad más sostenida estuvo dirigida al CIDE: “En esta lucha por los hechos y la representación de la verdad, una institución como el CIDE podría convertirse en un obstáculo para un líder que busca una comunicación directa y no mediada con la sociedad, apuntando a monopolizar la agenda y controlar los hechos comunicados a sus seguidores”. Ese centro público de investigación sufrió infundadas descalificaciones del presidente, amenazas de otros funcionarios, serias reducciones presupuestales y la imposición de un director que canceló fundamentales proyectos académicos. Al documentar la devastación del CIDE, los autores apuntan que forma parte de las crecientes “amenazas globales a la libertad académica”.

La defensa de esa libertad, así como de las condiciones necesarias para que las universidades hagan su trabajo, resulta esencial siempre, pero sobre todo cuando son víctimas de un intencional y desgastante acoso. Hoy, cuando la UNAM es atacada con provocaciones que intentan atemorizar y paralizar a sus comunidades de estudiantes y profesores, hay llamados a la responsabilidad para frenar la violencia que afecta el trabajo académico. Ante esos acontecimientos es pertinente la investigación de Hernández e Inclán: “Los intentos de imponer una visión monista de la sociedad, en la que el líder define quién es el enemigo y qué constituye la voluntad general, pueden hacer que las sociedades queden colectivamente anestesiadas, perdiendo de vista la importancia de la deliberación, la pluralidad y el disenso para una democracia sana y robusta”.

Raúl Trejo Delarbre

Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia y Adiós a los medios.

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Publicado en: Sociedad y poder

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