En su momento de mayor éxito en el ámbito de la seguridad pública, el gobierno mexicano se mostró inseguro y ausente. Durante las horas que transcurrieron después de la captura y posterior muerte de Nemesio Oseguera, sus lugartenientes organizaron bloqueos y atentados en la mayor parte del país. Esa respuesta no fue atemperada con información ni explicaciones claras de las autoridades federales.
Durante toda la mañana del domingo 22, la presidenta Sheinbaum siguió con sus actividades programadas en Coahuila. Era extraño, por decirlo de alguna manera, verla encomiando programas del bienestar mientras se multiplicaban los incendios en Puerto Vallarta, se extendían cierres de carreteras en Jalisco, Guanajuato y Zacatecas, se registraban incidentes en Tamaulipas, Veracruz y Baja California, entre otros sitios. Mientras millones de mexicanos padecían la reacción ante la captura del criminal más buscado, nuestra presidenta sonreía como si nada hubiese ocurrido.
La captura de el Mencho es un enorme logro del gobierno. Se demuestra que los abrazos, lejos de neutralizarlos, alientan a los delincuentes. Sin la condescendencia del presidente López Obrador, Oseguera y su grupo no habrían alcanzado la enorme capacidad de acción criminal que han demostrado.

Amparados en la impunidad que disfrutaron varios años, esos delincuentes creyeron que podían desafiar al Estado mexicano sin padecer consecuencias. La caída de Oseguera demuestra que se equivocaron. Ahora le toca a la presidenta Sheinbaum confirmar que la decisión de aprehender al capo mayor de ese grupo fue acertada. El Estado tiene la responsabilidad de impedir que se regeneren los mandos del Cártel Jalisco, desmantelar sus reductos, bloquearle vías de financiamiento, entre otras medidas.
Sólo así habrá tenido sentido el meritorio abatimiento de ese criminal y, sobre todo, la muerte de cerca de sesenta personas (25 de ellas miembros de la Guardia Nacional, además de un custodio y un elemento de la Fiscalía de Jalisco) después del operativo en Tapalpa.
Los criminales lucran con el miedo. Atemorizan para extorsionar, saquear y establecer sus redes de dominación. Al crimen organizado se le combate con la fuerza del Estado, pero también con información y hechos capaces de suscitar, o recuperar, la confianza de los ciudadanos. El domingo 22 de febrero el Estado mexicano alcanzó un triunfo muy importante en la persecución a la delincuencia. Ese día, además, la política de información del gobierno de la presidenta Sheinbaum tuvo un tropiezo significativo: durante horas especialmente difíciles, el país no recibió explicaciones confiables por parte de la autoridad federal.
El vacío lo ocuparon versiones falsas o incompletas. El desconcierto y el miedo se retroalimentaban con la expansión de rumores y mentiras. El gobierno federal, en vez de esclarecer y precisar, les regateaba a los ciudadanos las informaciones que buscaban.
Antes de las 9 am del domingo, en redes digitales y medios se difundió que había hostilidades en algunas zonas de Jalisco. A las 9.12 am Pablo Lemus, gobernador de esa entidad, dijo que hubo un operativo federal en Tapalpa y que, en respuesta a él, se suscitaron enfrentamientos y bloqueos. Lemus fue el único funcionario que informó, de manera regular, acerca de esos hechos.
Hacia las 10.30 am se acentuó la versión de que el Mencho había sido capturado. A partir de las 11.07, varios periodistas dijeron en X que el líder del Cártel Jalisco había muerto. Aunque señalaban que esa noticia provenía de fuentes oficiales, no las identificaron. En vez de una versión institucional, el gobierno o algunos de sus funcionarios acudieron a filtraciones.
Para el medio día proliferaban los bloqueos e incendios. En el Aeropuerto de Guadalajara, centenares de atemorizados pasajeros creyeron que había un ataque de narcotraficantes. Docenas de tuiteros, entre ellos comunicadores con experiencia profesional, se dejaron llevar por la presunción de que, en ese clima de descontrol, la ocupación criminal del aeropuerto era posible. No era cierto, por fortuna.
Alrededor de las 12 la presidenta Sheinbaum, interrogada en San Pedro, Coahuila, sólo dijo que habría informaciones del Gabinete de Seguridad. No fue así. La confirmación oficial la hizo la Secretaría de la Defensa, en un comunicado que circuló a la una de la tarde aunque en X fue colocado a las 13.13 pm. Allí se anunció “la detención de Ruben ’N’ (a) Mencho” y su fallecimiento cuando, según se dijo, era trasladado herido a un hospital en la Ciudad de México. Con discreción extrema, el Ejército no difundió el nombre completo del criminal aunque ya había muerto.
Christopher Landau, subsecretario de Estado estadunidense, tuiteó a las 13.07: “Me acaban de informar que fuerzas mexicanas de seguridad mataron a ‘El Mencho’, uno de los capos de la droga más sangrientos y despiadados”. A las 13.19 Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública, expresó escuetamente: “Nuestro reconocimiento al Ejército Mexicano y Fuerza Aérea”.
La presidenta Claudia Sheinbaum, en una breve declaración a las 15.11, mencionó el reporte de la Sedena y reconoció el mérito de las fuerzas federales, pero tampoco ella mencionó al delincuente cuyo abatimiento era noticia global. “Debemos mantenernos informados y en calma”, exhortó. Pero era difícil: su gobierno ofrecía información a cuentagotas, al mismo tiempo que se extendían las noticias de la violencia del Cártel Jalisco.
El Gabinete de Seguridad difundió durante la tarde cuatro breves mensajes en X. A las 16.54, desmintió que el Hospital Civil de Guadalajara hubiera sido evacuado por miedo a la llegada de grupos armados. No hubo respuesta, como esa, a muchas otras versiones que circularon.
Después de las 21.30, en una “tarjeta informativa”, el Gabinete de Seguridad dijo que a raíz del operativo en Tapalpa hubo 252 bloqueos en 20 entidades; 229 de ellos habían sido “desactivados”. El Gabinete exhortó a “mantener la calma, evitar la difusión de información falsa y consultar únicamente los canales oficiales”. Pero ¿cómo hacerlo si no había una política consistente y constante, por parte del gobierno, para informar qué sucedía? El Gabinete de Seguridad no colocó ese breve informe en su cuenta de X.
El día transcurrió, teñido de miedo y dudas, sin que la presidenta de la República les diera a los mexicanos una versión estructurada de lo que estaba ocurriendo. El lunes por la mañana, en la conferencia de prensa en Palacio Nacional, sí se difundieron precisiones sobre la captura y muerte de Oseguera. El domingo, el gobierno no tuvo política de comunicación. El lunes, comenzó a articularla. Junto con el indispensable combate frontal a los criminales, es preciso que haya medidas de contención a sus respuestas, que siempre buscan miedo y confusión entre los ciudadanos.
El gobierno de Sheinbaum, igual que su predecesor, mantiene una política de comunicación que descansa en dos errores. Por una parte, presiona y desacredita a comunicadores y medios que no se le subordinan y consiente las persecuciones que algunos caciques locales, amparados en Morena, emprenden contra periodistas profesionales. Por otra, el gobierno quiere tener voz por medio de una estrafalaria y convenenciera trama de comunicadores morenistas, que surgieron en redes digitales y se han expandido a otros medios gracias al amparo oficial. Con una credibilidad muy precaria, esos informadores no suscitan confianza en la sociedad.
Raúl Trejo Delarbre
Investigador Emérito en el Sistema de Investigadoras e Investigadores. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia e Inteligencia Artificial, conversaciones con ChatGPT.