
De repente y sin explicación alguna, la Secretaría de la Defensa Nacional resolvió que casi todos los jóvenes de 18 años deberán hacer el Servicio Militar Nacional. En los sorteos que se realizan entre quienes se inscriben para cumplir con ese requisito legal, era seleccionado uno de cada 10 hombres de dicha edad. Ahora esa relación se invirtió. Sólo 10 %, aproximadamente, quedó exento de acudir a las sesiones de instrucción militar.
Los altos mandos del Ejército no acostumbran dar razones. A veces informan de sus decisiones y, eso, cuando ya tienen consecuencias. En este caso, miles de muchachos que confiaron en las probabilidades de un sorteo que dejaría a casi todos sin el deber de acudir cada fin de semana a los centros de adiestramiento, fueron perjudicados sin que se les avisara que los criterios de selección ahora serían otros.
Esta decisión ocurre en el contexto de una creciente militarización en México. En el gobierno de López Obrador las Fuerzas Armadas recibieron atribuciones para construir obras, gestionar servicios y fiscalizar actividades muy variadas, por encima de las facultades que les adjudica la Constitución. El gobierno de Claudia Sheinbaum promovió la militarización de la Guardia Nacional. La obligación de decenas de miles de jóvenes para cumplir con el servicio militar coincide con esa incursión de las Fuerzas Armadas en actividades que eran exclusivamente civiles.
Los nuevos criterios de la Sedena afectan a jóvenes de entre 18 y 30 años. Se trata del rango de edad de la llamada Generación Z. En las redes digitales han circulado opiniones de quienes consideran que se trata de un intento para controlar, o al menos presionar, a los jóvenes de ese rango de edad. Si ese fuera el propósito del gobierno, se trataría de un nuevo y grave error. La imagen del Ejército, así como la socialización de los valores cívicos que busque infundir, no mejoran ni se propagan con medidas forzosas como el servicio militar.
Los jóvenes que se anotaron al sorteo buscan, al cabo de un año, obtener la cartilla del Servicio Militar Nacional, SMN. Hace tiempo ese documento era indispensable para hacer trámites oficiales, como la obtención de pasaporte, pero desde hace dos décadas no hace falta. A veces lo solicitan para empleos en el sector público, o en empresas de seguridad.
Cada año, la Sedena realiza sorteos públicos en donde se determina quiénes, entre aquellos jóvenes que se inscribieron, harán el servicio militar de manera activa. Las plazas que se sortean dependen de la cantidad de “conscriptos se hayan asignado a esa región, más veinte por ciento”, según indica el Artículo 46 de la Ley del Servicio Militar. No hay criterios expresos para que la Sedena resuelva cuántos jóvenes deberán acudir al entrenamiento semanal.
Los asistentes a los sorteos de este año, que la Secretaría de la Defensa anunció para los domingos 23 y 30 de noviembre en juntas municipales y alcaldías de reclutamiento, se encontraron con que, a diferencia de la costumbre establecida hace décadas, ahora la mayoría recibió la bola blanca que se asigna a quienes deberán marchar.
Entre otras informaciones, se ha difundido un video del sorteo realizado en Mexicali. Allí, de 1270 jóvenes que se encontraban en las listas, trece obtuvieron bola negra. El oficial militar que encabezó el sorteo dijo, delante de los jóvenes que acudieron para saber qué color les tocaría: “Lo anterior fue orden del alto mando de la Secretaría de la Defensa Nacional. Eso con el fin de tener una mayor participación en el Servicio Militar Nacional. No fue solo en Mexicali, fue a nivel nacional”. En ese caso, nada más 1 % fue exento para realizar el servicio.
Además la Sedena decidió que en 2026 los conscriptos deberán acudir a 13 sesiones sabatinas, de seis horas cada una. En otros años las sesiones forzosas han sido 44. Habrá más jóvenes en los centros de adiestramiento de las Fuerzas Armadas, pero deberán asistir en menos ocasiones.
Desde 1917 la Constitución, en su Artículo 31, indica que entre las obligaciones de los mexicanos se encuentra: “Asistir en los días y horas designados por el Ayuntamiento del lugar en que residan, para recibir instrucción cívica y militar que los mantenga aptos en el ejercicio de los derechos de ciudadano, diestros en el manejo de las armas, y conocedores de la disciplina militar”. En 1942 entró en vigor la Ley del Servicio Militar que hizo obligatoria la capacitación, en habilidades castrenses, de todos los mexicanos, varones, a los 18 años. Esa Ley había sido aprobada en 1940, aún durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. El presidente Manuel Ávila Camacho publicó el Decreto que la hizo efectiva dos años más tarde, cuando México entró en la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces había un sorteo para determinar quiénes, de cada generación de conscriptos, formarían parte de la milicia. Los seleccionados estarían acuartelados durante un año.
La propaganda del gobierno subrayaba en aquellos años que formar parte del SMN era una distinción para los jóvenes mexicanos. Sin embargo la incorporación al Servicio la veían con recelo, entre otros, ejidatarios que consideraban que les quitaría trabajadores para las tareas agrícolas, o jóvenes que se quejaron porque los obligaban, incluso encarcelándolos si se rehusaban, a hacer el Servicio. El historiador Enrique Plasencia de la Parra es autor de un espléndido recuento de las resistencias e intereses en torno a la creación del SMN.
También había reclamos porque la instrucción que se ofrecía era poca y deficiente y, además, a los jóvenes los maltrataban en los cuarteles. El rechazo al servicio militar obligatorio fue compartido por grupos campesinos como el de Rubén Jaramillo que, en Morelos, se alzó en armas por esa y otras demandas. En 1944 Jaramillo le propuso al presidente Ávila Camacho que, en vez de acuartelarlos, a los jóvenes se les diera instrucción en sus municipios y sólo los domingos. En 1949, ya sin la presión de la Guerra, el servicio militar se redujo a sesiones dominicales de 5 horas. [Dos décadas más tarde, en 1962, Jaramillo, que mantuvo posiciones críticas hacia el gobierno, fue asesinado en Xochicalco, junto con su familia, por elementos del Ejército].
El Servicio Militar se convirtió en inútil rutina. Los jóvenes reclutados hacen como que marchan en las sesiones dominicales, los elementos del Ejército hacen como que les enseñan algo y hay hechos de corrupción para eludir esas tareas. En 2003 se abrió la posibilidad de que las mujeres puedan acceder a ese adiestramiento pero la respuesta ha sido mínima, igual que el interés de los hombres para obtener la cartilla militar.
En 2016, según el informe presidencial de Enrique Peña Nieto, acudieron a las sesiones semanales del SMN 47 mil 568 jóvenes. Algunos eran mayores de 18 años y unas cuantas fueron mujeres pero, en términos generales, se trataba de varones de 18. Una Memoria documental de la Sedena sobre las actividades del SMN, reporta que en 2019 hicieron el servicio 32 700 (en números redondos) de 319 mil jóvenes registrados para obtener su cartilla. En 2020 fueron cerca de 38 mil, de casi 339 mil. En 2021 la pandemia obligó a suspender la capacitación pero hubo 328 mil inscritos. En 2022 fueron 33 mil 200, de 329 mil. Para 2023, 45 mil 600 de 287 mil. En 2024 28 mil, de 238 mil registrados. El porcentaje de quienes obtuvieron bola blanca y debieron marchar, o acudir a las sesiones semanales, fue del 10.3 %, 11.1 % y 10.1 % en 2019, 2020 y 2022. En 2023 ascendió a 15.8 % y, según esos datos, fue de 11.7 % en 2024.
Entre 2019 y 2022 se anotaron para pasar por el sorteo y tener derecho a la cartilla militar un promedio de 328 mil jóvenes cada año. Esa cantidad disminuyó en casi una cuarta parte en 2024. Nos referimos a los jóvenes que se inscriben al SMN. Pero a la enorme mayoría no le interesa la cartilla y mucho menos el adiestramiento militar.
En 2020, el censo del INEGI encontró que había un millón 172 mil hombres de 18 años. Ese año se registraron para el SMN algo menos de 339 mil, cifra que incluye a varones de otras edades y a mujeres. Es decir, apenas 29 % de los mexicanos en edad de hacerlo se interesaron en el servicio militar.
El servicio militar obligatorio es parte de una concepción geopolítica, e incluso militar, que ha sido desplazada por la realidad. Las guerras hoy son más tecnológicas que masivas. Los conscriptos no adquieren formación militar que resulte útil para la capacidad de defensa del país. La obligatoriedad, además, se contrapone con la objeción de conciencia a la que tienen derecho los jóvenes que consideren que ese servicio es incompatible con sus convicciones.
Según el World Population Review, el servicio militar es obligatorio en 68 países y no lo es en 92. En otros diecisiete es legal, pero no se practica. Entre las naciones con servicio obligatorio se encuentran Brasil, Rusia, Egipto, Congo, Vietnam, Irán, Turquía, Tailandia, Sudán, Angola, Ucrania, Venezuela, Nigeria, Bolivia, Cuba, Suecia, Grecia, Israel y Suiza. No hay servicio militar obligatorio en India, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Perú, Australia, Países Bajos, Ecuador, Nicaragua. Es legal, pero no se aplica, en China, Estados Unidos, España, Argentina, Polonia y Portugal, entre otros.
En algunos países europeos existe un servicio civil universal, por lo general de carácter voluntario, para jóvenes entre 16 y 25 años. Sus participantes colaboran en tareas de protección civil, medio ambiente y reforestación, asistencia a viejos, alfabetización digital y trabajo comunitario, entre otras. No incluye entrenamiento militar, ni manejo de armas.
En México el servicio militar debería desaparecer. Podría ser reemplazado por un servicio civil voluntario que fuese útil para la sociedad y que vinculara a sus jóvenes con ella. En ese servicio civil no participarían las corporaciones militares. A nadie le conviene la militarización de nuestros jóvenes. A nadie, excepto a quienes quieren colocar a las Fuerzas Armadas en el centro de la vida pública de México.
Raúl Trejo Delarbre
Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia y Adiós a los medios.
Ya tenía mi cartilla liberada -sin haber marchado- cuando supe que aquellos jóvenes que vivieran a más de 25 km del la zona militar más cercana estaban exentos del servicio militar. No supe si era cierto y aún desconozco la ley al respecto.
En los 90s los que sacamos bola blanca llenábamos casi por completo la explanada del campo militar que no tocó atender. Los mosquetones no servían y las prácticas eran muy limitadas.
Con el 90% de ahora, no hay manera física de poder citarlos a “marchar”.
Sucederá que al ser la cartilla un documento opcional, los jovenes de la generación Z simplemente no se presentarán. Ademas, esta generaciones son muy limitadas físicamente y en la primer de cambios se darán por vencidos.
Pero la lección y amenaza no la olvidarán.
Nadie sabe para quien trabaja.
Totalmente de acuerdo con la propuesta final del autor.