
Televisa se arriesga en el juego sucio, en la construcción de versiones falsas, en la difamación y la confusión. No es una novedad que en las redes digitales, y con frecuencia extendidas a otros medios, circulan mentiras intencionalmente fabricadas para manchar reputaciones, favorecer decisiones políticas o corporativas y desconcertar a la sociedad. Ahora se sabe, o se puede confirmar, que el grupo de televisión en español más grande del mundo también apuesta a las maniobras turbias, lo mismo para favorecer sus propios negocios que para beneficiar a sus aliados políticos.
Los documentos que ha difundido Aristegui Noticias muestran que, desde hace años, en Televisa existe un área dedicada a la confección de mentiras para las redes digitales. No se trata de un departamento especialmente significativo dentro de la compleja estructura de ese consorcio. Tampoco se puede asegurar, al menos con la información disponible, que los contenidos que difunde Televisa en sus noticieros hayan reproducido las falsedades elaboradas en ese equipo.
Aristegui Noticias (AN) dio a conocer algunos de los materiales que, según afirma, le proporcionó un exempleado de Televisa. El área en la que trabajó esa persona está o estuvo encabezada por Javier Tejado Dondé, Vicepresidente de la Oficina de Información a la Presidencia del Grupo Televisa. En un disco duro con 5 terabytes de documentos hay videos, fotografías, reproducciones de chats, manuales y guiones, entre otros, elaborados por un grupo cuyos integrantes, se dice allí, se denominaban “Palomar” porque sus primeras oficinas estuvieron en la azotea de Televisa en Avenida Chapultepec.
En 5 terabytes cabe un millón de fotografías de alta calidad, más de 3000 horas de video, o 2 millones y medio de libros digitales. En sus primeros reportajes a partir de ese copioso material, Aristegui Noticias ha difundido evidencias de campañas de desinformación para beneficiar a personajes públicos como el hoy exministro de la Corte Arturo Zaldívar y el legislador Ricardo Monreal, o para desacreditar a los empresarios Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego, la ministra Norma Piña, el senador Adán Augusto López o la periodista Carmen Aristegui, entre otros.
A esos reportajes, Tejado respondió que lo que dicen “no tiene ‘pies ni cabeza’ y está lleno de omisiones” pero no desmintió que los documentos sean auténticos. Su respuesta, fundamentalmente, fue para descalificar al extrabajador suyo, Germán Gómez García, que entregó tales materiales. En varias entrevistas en noticieros de Radio Fórmula, dijo que Gómez quiso extorsionar a Televisa amenazando con difundir esos archivos si no lo indemnizaban por haberlo despedido. Tejado, a quien Joaquín López Dóriga presentó como “abogado de Televisa”, insistió en que Gómez García no era empleado de esa empresa sino “free lance”. No obstante, según el propio Tejado, el área que encabeza le ofreció a Gómez una indemnización de 342 000 pesos.
Con las acusaciones personales a ese excolaborador de Televisa, y más tarde en contra de Carmen Aristegui, Tejado ha puesto en práctica el método que se advierte en varios de los materiales difundidos en el escándalo denominado #TelevisaLeaks. Ante una versión o información incómoda o impertinente, se responde antes que nada con desautorizaciones personales. La idea de golpear al mensajero para desacreditar al mensaje es antiquísima y, en esta época de redes digitales, se expresa en tuits y bytes. Un segundo paso en esa táctica consiste en adjudicarle propósitos maliciosos a quienes difunden informaciones u opiniones inconvenientes. Tejado ha dicho que a Carmen Aristegui la mueve su animosidad contra Televisa.
De esa manera intentó desplazar la atención pública del foco de este asunto, que son las campañas negras elaboradas en Televisa. Tejado no negó la autenticidad de esos contenidos. Más de una semana después de que se difundieron, Televisa no había rechazado que hubieran sido elaborados en una de sus oficinas. Dos reporteros del equipo de Aristegui buscaron a Tejado en las oficinas de Televisa y las telefonistas les dijeron que ya no trabaja en la empresa, aunque otras versiones indican que allí sigue.
Hay motivos fundados para considerar que los videos y otros documentos del #TelevisaLeaks fueron hechos en la oficina de Tejado. En ese equipo participaban dos empleados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mariana Franco Rodríguez y Francisco José Rullán Gutiérrez. Este último fue Director de Tiempos Oficiales de Radio y Televisión en la Secretaría de Gobernación en el gobierno de Enrique Peña Nieto y todavía a comienzos del sexenio de López Obrador. Es decir, el funcionario que se encargaba directamente de indicar a los medios de radiodifusión privados los espacios que debían dedicar a los mensajes oficiales, después de ejercer esa responsabilidad se fue a trabajar a Televisa. Ya cuando colaboraba en esa empresa, y en una irregularidad adicional, era empleado en el área de Comunicación Social de la Suprema Corte.
En el Grupo Palomar, como sus integrantes le decían en los chats recientemente difundidos, también participaban socios y empleados de la empresa “Metrics to Index”, que ofrece servicios de consultoría para el manejo de imagen en redes digitales. En algunas informaciones de Aristegui Noticias se mezclan las notas elaboradas en Palomar y Metrics, así como los clientes de ambos grupos. Palomar y Metrics no son lo mismo, aunque en algunos casos colaboraron estrechamente en la creación de contenidos falsos. Juan Manuel Torres, que según AN hasta el año pasado fue subdirector de Medios Digitales en Televisa, es cofundador de Metrics. Hace unos días el directorio de colaboradores de Metrics to Index fue bloqueado en el sitio web de esa empresa.
El Grupo Palomar ha sido parte de Televisa. No puede haber existido, sobre todo durante tantos años, sin la anuencia de ese consorcio y de sus directivos principales. Televisa lo propició, cobijó y aprovechó. Algunas de las campañas desarrolladas por Palomar fueron en contra de competidores o adversarios de negocios de Televisa. Otras campañas apoyaron a reales o eventuales socios políticos del consorcio. Palomar y sus patrocinadores emplearon tecnologías digitales para actuar con estilos de la vieja política.
Uno de los trabajos más ominosos, cuya autoría a cargo de Palomar y Televisa develó Aristegui Noticias, fue la campaña para defender al Colegio Westhill, ubicado en Santa Fe. En abril de 2017 los directivos de la escuela encerraron en un salón, durante siete horas, a Carlos Emiliano Camero. El muchacho, de 16 años, padecía Trastorno por Déficit de Atención. Lo acusaron de molestar a una compañera de clases y como él se negó a disculparse, porque aseguraba que no cometió falta alguna, fue expulsado. Sus padres se inconformaron en diversas instancias, entre ellas la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Como el asunto adquirió alguna notoriedad, el equipo de Palomar salió en defensa del colegio para propalar la versión de que el joven Camero era un agresor sexual.
Varios empleados de Televisa, cuya imagen aparece difuminada, grabaron videos en donde simulaban ser padres de familia del Westhill. Los documentos difundidos por Aristegui Noticias muestran escenas previas a esas grabaciones en donde los empleados de Palomar-Televisa bromean sobre ese asunto y luego repiten, delante de la cámara, las acusaciones que habían ensayado. Fingiendo una indignación que no tenían, grabaron esa impostura para vilipendiar públicamente a un joven de cuya culpabilidad no tenían constancia.
Esos videos circularon en los primeros meses de 2018 y fueron mencionados en varios medios entre esa fecha y, todavía, a fines de 2019. Varios columnistas financieros, que en otras ocasiones han replicado de manera textual la información que les envía Televisa, comentaron con indignación esos videos y censuraron a Carlos Emiliano Camero. El joven así acusado era hijo del magistrado Jorge Arturo Camero Ocampo, cuyo desempeño en el Décimo Tribunal Colegiado fue polémico. Por una parte, el gobierno lo cuestionó porque otorgó varias suspensiones contra la construcción del aeropuerto en Santa Lucía. Por otra, el Consejo de la Judicatura lo suspendió por aparente enriquecimiento ilícito. Las acusaciones contra su hijo se entremezclaron en la campaña para descalificar a ese magistrado. Jorge Arturo Camero murió de cáncer en junio de 2020.
El Colegio Westhill, cuya fama pública fue defendida con la fabricación de videos falsos, es propiedad del empresario inmobiliario José María Riobóo, beneficiario de importantes contratos en los gobiernos, tanto en la Ciudad de México como en la Presidencia de la República, de Andrés Manuel López Obrador. Riobóo es esposo de Yasmín Esquivel, la hoy ministra de la Corte célebre por la tesis que plagió.
Los videos, las infografías e incluso los memes elaborados por Palomar-Televisa son casi todos burdos, con diseños rudimentarios, guiones simplistas y, cuando las hay, actuaciones planas. El empleo de tecnologías digitales, en esos contenidos, es muy elemental. A sus creadores no les importa la forma, sino el mensaje. Ese mensaje, a juzgar por los documentos que difunde AN, era siempre para denigrar a personajes públicos o confundir a los ciudadanos. Sus argumentaciones eran vulgares, en busca del escándalo para zaherir reputaciones. A los directivos de Palomar-Televisa no les interesó convencer, lo suyo es sembrar suspicacias.
Las audiencias de tales contenidos fueron, por lo general, escasas en comparación con las que alcanza la televisión. Esos mensajes para las redes sociales no pretenden informar, sino golpear. Es posible que no hayan influido de manera definitoria en los asuntos de los que se ocuparon. Las empresas del Grupo Carso no fueron exoneradas de responsabilidad en la tragedia de la Línea 12 del Metro, ni la crisis de Interjet se profundizó, ni la fama pública de los políticos de Morena allí fustigados empeoró, debido a los mensajes en Twitter, videos en YouTube y posts en Instagram maquilados por Palomar-Televisa. Pero esos contenidos contribuyeron a crear contextos de rispidez y desconfianza.
Algunos de esos videos e ilustraciones no fueron difundidos, como ocurrió con una campaña preparada contra el periodista Carlos Loret cuando acababa de salir de Televisa. Emparentada en esos casos con las peores tradiciones del periodismo mexicano, es posible que Palomar-Televisa creara contenidos para presionar, sin difundirlos siquiera, a quienes serían afectados con ellos. Eso hacía el columnista que a mediados del siglo pasado fue tristemente célebre por vender sus silencios. Los “creativos” de Palomar-Televisa son los Denegri del siglo 21.
Esos creadores de contenidos se ufanaban de manipular a la sociedad con el mismo desenfado de muchas empresas que ofrecen a sus clientes construir imágenes y manejar redes asegurando que tienen el entorno digital a su servicio. Los mensajes falsos contribuyen a edificar y demoler famas públicas e influyen en decisiones de los ciudadanos, pero nunca tienen efectos automáticos. Las decisiones, tanto en las instituciones políticas y económicas como en las urnas cuando los ciudadanos van a votar, se toman a partir de esas, pero también de otras consideraciones. El auge de grupos como Palomar-Televisa usufructúa la exagerada creencia en las capacidades casi nigrománticas de la manipulación digital.
Lo más significativo, en este caso, es la constatación de que Televisa participa en la batalla por la mentira y el desconcierto en las redes digitales. Desde hace décadas sus noticieros han sido cuestionados por sus orientaciones y, sobre todo, sus omisiones. Pero con todo y las debatibles inclinaciones de Televisa, en ella hay periodistas que quieren investigar y comunicar. El trabajo profesional que hacen queda empañado debido a la desinformación fabricada y difundida por el área dirigida por Javier Tejado. La sola existencia de Palomar, y desde luego sus desafortunados contenidos, indican que Televisa está dispuesta a promover calumnias en el intento para favorecer sus negocios pero, además, de acuerdo con las exigencias de sus clientes. El que hace Televisa, en esos casos, ha sido un trabajo mercenario, sujeto al mejor postor, más allá de cualquier principio profesional o ético.
La debacle ética de Televisa, manifiesta en el trabajo que su división Palomar ha mantenido durante años, contribuye a deteriorar la credibilidad de ese consorcio pero, también, la confianza de la sociedad en los medios de comunicación. Ya lo sabían, pero muchas personas confirman con este episodio que la información que circula en las redes digitales, y que a menudo es amplificada en prensa y medios de radiodifusión, está colmada de distorsiones y noticias falsas. No pocos ciudadanos habrán retuiteado o premiado con un like algunos de esos contenidos. Ahora saben, o ratifican, que esos contenidos son consecuencia no de hechos ciertos, sino del negocio de la difamación y la confusión en el que, hoy se confirma, también participa Televisa.
Por lo general esas tareas de desinformación y engaño se realizan vergonzantemente, desde las cañerías de empresas de comunicación y consultoría. Televisa, en vez de ubicarla en sus sótanos, colocó las oficinas de Palomar en la azotea de su edificio.
Raúl Trejo Delarbre
Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia y Adiós a los medios.