María Corina Machado y el enfado populista

Apenas supo que le habían concedido el Premio Nobel de la Paz, sin reponerse aún de la sorpresa, María Corina Machado replicó con una respuesta que confirma su liderazgo y sensibilidad políticos: “No tengo palabras. Muchas gracias, pero espero que pueda entender que este es un movimiento, este es un logro de toda una sociedad, yo soy sólo una persona, definitivamente no merezco esto”. Aquel diálogo con el secretario del Comité Noruego del Nobel, que estaba tan conmovido como ella, subrayó el talante democrático de la dirigente venezolana.

La de Machado no fue la respuesta de un caudillo populista que se considera encarnación de la voluntad de sus seguidores. Aquella frase es la de una dirigente forjada en la sociedad civil que el destino colocó en la primera línea frente a la cerril dictadura que usurpa el gobierno de su país.

El Nobel de la Paz para María Corina Machado suscitó el aplauso de los demócratas en todo el mundo, en particular en América Latina. Frente a la oleada populista, tanto de izquierdas como derechas, que a menudo deviene en autoritarismos e incluso autocracias, la resistencia de los demócratas venezolanos resulta ejemplar. El empeño de la oposición en ese país para que sean reconocidos los resultados de la elección de julio de 2024 –en donde sin lugar a dudas ganó la fórmula que integran Edmundo González y María Corina Machado– ratifica la ruta democrática para enfrentar a los gobiernos autoritarios.

El Nobel para Machado contribuye a llamar la atención del mundo sobre ese conflicto y alienta a la sufrida sociedad venezolana. En poco más de un año, la dictadura de Maduro ha encarcelado a más de 900 dirigentes y simpatizantes opositores. Debilitada con esa represión la sociedad activa en Venezuela recibe, con el Nobel, un valioso apoyo en momentos muy difíciles.

El reconocimiento a María Corina Machado, una mujer valiente, inteligente y tenaz, fue tomado con excesiva y sintomática cólera por los caudillos autoritarios y sus propagandistas, que pululan en América Latina. En Venezuela, la noticia del Premio fue soslayada en los medios y Maduro sólo se refirió, con improperios, a María Corina Machado. En Cuba, el dictador Díaz Canel difamó a la vicepresidenta electa. La pauta para la campaña contra Machado en redes sociales la dieron dos maltratados pero muy ávidos personajes de la seudoizquierda española, Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, quien llegó al despropósito de comparar con Hitler a la dirigente venezolana. Monedero e Iglesias tienen intereses de negocios en México y respaldan a Morena.

La presidenta Claudia Sheinbaum mostró notoria mezquindad al regatear una congratulación por el reconocimiento a otra mujer latinoamericana y se escudó en el subterfugio de la no intervención en asuntos de otros países. Al igual que su antecesor, Sheinbaum aprovecha ese principio según sus caprichos y simpatías personales: poco después de negarse a comentar el Nobel a Machado, defendió al encarcelado expresidente de Perú, Pedro Castillo. Si de veras defendiera la autodeterminación de los pueblos, la presidenta Sheinbaum respaldaría al pueblo de Venezuela que, en las urnas, ha reiterado su rechazo a Maduro. Con su evasiva avala al dictador venezolano y comparte su descrédito.

Los propagandistas del populismo autoritario acusan a María Corina Machado de haber solicitado la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y de “respaldar el genocidio en Gaza”. Ambas imputaciones son falsas. La intervención estadunidense es una hipótesis creada por Donald Trump a partir de la acusación de que Maduro, y varios de sus colaboradores, promueven el tráfico de drogas hacia Estados Unidos. Machado ha dicho que no respalda esa eventual intervención. El mes pasado, el periodista Jorge Ramos le preguntó si estaría de acuerdo con una operación militar de Estados Unidos en Venezuela. Ella respondió: “No es necesaria, y se lo hemos dicho claramente a la administración (Trump). El régimen ha ido perdiendo todos los pilares de apoyo. Una vez contaba con la gente y con el control de la gente; lo ha perdido totalmente… Y sí creo que lo que está ocurriendo internacionalmente configura una situación inédita para Maduro y su entorno”.

En diciembre de 2018 Machado, que ya ocupaba un sitio destacado en la oposición venezolana, envió una carta al presidente de Argentina, Mauricio Macri, y al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Allí les pidió que contribuyeran a aislar internacionalmente al régimen de Maduro el cual, dijo, es de “naturaleza criminal, ligada al narcotráfico y al terrorismo”. Esa fue una de varias cartas que, en aquellos días, Machado dirigió a gobernantes y organismos internacionales.

Desde que la envió esa misiva fue pública aunque ahora, con motivo del Nobel, se presente como revelación. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, si bien felicitó a Machado por el Nobel le reprochó en un farragoso mensaje de X el envío de esa carta a Netanyahu, afirmando de manera falsa que se trata de un documento reciente. “Lo que no entiendo y quiero que me explique es ¿Si usted ahora solicita ayuda a un criminal contra la humanidad, con orden de captura internacional, para llevarle democracia a Venezuela?” escribió Petro, sin decir que la carta es de hace casi siete años.

En aquella carta, Machado no solicitó intervención militar alguna. Sin embargo, ese documento es reenviado una y otra vez en mensajes que lo muestran como prueba de una supuesta petición para sacar por la fuerza a Maduro. La misiva también es presentada para decir que Machado apoya el “genocidio” en Gaza. La carta es muy anterior a la respuesta militar que hace dos años emprendió Israel contra los habitantes de esa franja. La mayor parte de los propagandistas del populismo autoritario que buscan descalificar a la vicepresidenta electa con esa carta no se han tomado la molestia de leerla.

Esa escalada de desinformación acerca de Machado ha sido desmentida por verificadores profesionales pero, como sucede en las redes, las falsedades corren más rápido que las aclaraciones. Machado no dijo lo que dicen sus acusadores. Pero, aunque hubiera respaldado a gobernantes impresentables, ganó una elección ahora desconocida por Maduro y enfrenta la persecución de ese dictador.

Lo que sí es cierto es que la candidata electa le dedicó su Nobel al presidente de Estados Unidos. En un mensaje de Twitter (X), en inglés, Machado dijo poco después de que se conoció el Nobel: “Estamos a las puertas de la victoria y hoy, más que nunca, contamos con el presidente Trump, el pueblo de Estados Unidos, los pueblos de América Latina y las naciones democráticas del mundo como nuestros principales aliados para lograr la libertad y la democracia. ¡Dedico este premio al sufrido pueblo venezolano y al presidente Trump por su decidido apoyo a nuestra causa!”. La versión en español de ese mensaje no contenía la dedicatoria al presidente estadunidense.

Dedicarle su premio a Trump fue un error de Machado y sus asesores. Con esa lisonja intentan comprometer al veleidoso inquilino de la Casa Blanca, pero contribuyen a justificar las suspicacias de quienes la consideran subordinada a intereses como los de Trump.

La oposición venezolana lleva quince meses propagando la ilegitimidad de Maduro, que sigue en el poder aunque perdió la elección presidencial. Día tras día, desde entonces, han sido aprehendidas cientos de personas. Muy pocas han recuperado la libertad. La organización Foro Penal estimó que hasta el 6 de octubre pasado había 841 presos políticos en Venezuela, entre ellos 103 mujeres y 4 adolescentes. La población de Venezuela es 4.6 veces menor a la de México. En México tendría que haber 3 900 presos políticos para que estuviéramos, en ese aspecto, en una situación como la de Venezuela. Por otra parte, las insufribles condiciones de vida han propiciado que cerca de ocho millones de venezolanos salgan de su país (es como si, de México, emigraran 37 millones de personas).

En ese contexto puede haber quienes vean la agresividad de Trump contra el gobierno de Maduro como una solución para Venezuela. Seria un remedio indeseable y siempre insuficiente porque el retorno de ese país a la democracia sólo puede ser conseguido por los venezolanos. Los ataques ordenados por Trump contra embarcaciones que, según él, transportan drogas desde Venezuela, son expresiones de una inadmisible prepotencia: la ley del Oeste llevada a las aguas del Caribe. Aunque se tratase de lanchas que transportan droga, esa presunción no ha sido probada. Las personas asesinadas en tales acciones no estuvieron sujetas a un proceso legal: ninguna autoridad judicial las condenó, ni ordenó tales ataques. Se trata, como señaló un preciso editorial del NYT, de ejecuciones sumarias de personas que no están en guerra con Estados Unidos. Ante tal atrocidad del gobierno de Trump, hay un casi generalizado silencio.

La oposición en Venezuela no quiere dejar de contar con la presión estadunidense contra Maduro, pero no puede depender de ella. El fin del régimen autoritario, para decirlo en las palabras de María Corina Machado, tiene que ser logro de toda una sociedad. El Nobel a esa luchadora social es un respaldo al empeño por la democracia, en Venezuela y en donde quiera que haya ciudadanos dispuestos a enfrentar a los autoritarios.

Raúl Trejo Delarbre

Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia y Adiós a los medios.

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Publicado en: Sociedad y poder

2 comentarios en “María Corina Machado y el enfado populista

  1. Tu texto ayuda a comprender el contexto en que María Corina Machado recibe este premio, que, como bien señalas no cae nada bien a quienes defienden el populismo autoritario. El mensaje es claro: se otorga porque es una luz de democracia y libertad en medio de la oscuridad de este populismo. El único camino que tienen los pueblos para darse voz y decisión son las urnas y un sistema democrático. Más allá de que seamos de izquierda y Corina sea de derecha, nos une ese deseo de democracia. Ya lo dijo Mandela: no hay camino a la paz, la paz es el camino.

  2. como evaden el apoyo de Machado a Israel, aunque esa carta se mando hace años Machado sigue apoyando a Netanyahu e Israel ella sabe que la ONU califica como genocidios los actos de Israel en Gaza y la corte penal internacional lo busca capturar por crimenes de guerra.
    A ustedes les importa un bledo la vida apoyan a criminales. Maduro con toda su ineptitud no ha cometido nimngun genocidio, Netanyahu e Israel si.

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