Un gran conversador

Economista, intelectual público, universitario destacado, crítico que no se ancla en fundamentalismos, Rolando Cordera Campos ha sido protagonista de cambios y avatares políticos durante más de seis décadas. De esa trayectoria extensa, a la historiadora Patricia Pensado Leglise, que se ha especializado en recoger testimonios de personajes políticos, le interesó especialmente el hombre de izquierda que ha sido el hoy profesor emérito en la UNAM. Buena parte de las 142 páginas de Conversaciones con Rolando Cordera, publicado por el Instituto Mora, se refiere a la historia política de ese promotor de la discusión intelectual de los asuntos públicos.

Ilustración: Estelí Meza

Presidente de la Sociedad de Alumnos en la Facultad de Economía (1963 – 1964), miembro del Consejo Directivo del Movimiento de Liberación Nacional en los inicios de aquella década, funcionario público, promotor del sindicalismo universitario, diputado federal por el Partido Socialista Unificado de México (1982 – 1985), Cordera tiene una agudeza crítica que ha destacado en variados enclaves del espacio público.

Las conversaciones de este libro fueron grabadas en diez sesiones en su cubículo en la UNAM y luego organizadas por Pensado. Tratándose de una vida pública tan vasta e intensa, fue inevitable omitir numerosos episodios en la biografía de Cordera.

En una semblanza como la que pretende este libro, la distancia respecto de los acontecimientos que se mencionan puede conducir a una narración esquemática, sin los matices en donde con frecuencia radican las auténticas explicaciones. Pensado incorpora fechas, nombres y otros datos para dar contexto al relato.

En estas charlas hay pasajes —pocos— en donde brota la emoción que siempre suscitan los recuerdos de momentos cardinales o difíciles. En 1968 Cordera estaba en Londres, ampliando sus estudios de Economía. Viajó para asistir al “Congreso Anti Imperialista” en la Universidad Técnica de Berlín y allí se entusiasmó con Rudi Dutschke, el dirigente de los estudiantes alemanes: “Fue extraordinario. Nunca había visto una cosa así: Rudi hablando de su teoría del imperialismo, y una y otra vez era interrumpido y ovacionado por los muchachos que asistían al congreso”. Poco después llegaría el mayo francés y conoció los planteamientos de Daniel Cohn-Bendit: “A mí me deslumbró Cohn-Bendit, por ejemplo con su idea del movimientismo, su crítica a los partidos. Además, era un personajazo, muy inteligente, muy chispa, muy provocador. Era el líder, era la figura”.

La charla no se detiene en el 68 mexicano pero Cordera subraya la ruptura cultural que significó, y que a menudo se olvida en las remembranzas solamente épicas o trágicas de aquel movimiento: “El 68 se ve como un fenómeno no sólo juvenil de reclamo político, de lo que hoy llamamos derechos humanos, sino también como un fenómeno cultural más amplio”. El entrevistado recuerda la vitalidad de artistas como José Luis Cuevas frente al muralismo de Siqueiros, o la renovación en el cine que lograron Rubén Gámez, Paul Leduc, Jorge Fons o Felipe Cazals.

Pocos años después del 68, los dirigentes estudiantiles que en la cárcel se afianzaron como grupo (Raúl Álvarez, Gilberto Guevara, Luis González de Alba, Eduardo Valle y Roberto Escudero, que no estuvo preso) lo invitaron a Punto Crítico. Aparecida en 1972 y dirigida por Adolfo Sánchez Rebolledo esa revista era, además, un proyecto político. Eran “años de angustia, de mucha incertidumbre, los he calificado como los años duros”, dice Cordera. Los márgenes para la política no oficial eran escasos. Muchos jóvenes se fueron a la lucha armada. Otros, sin condenarla, prefirieron construir organizaciones sociales y políticas. En el libro hay varias menciones, pero sobre todo circunstanciales, a la guerrilla y al sacrificio que significó.

Cordera participa en el movimiento sindical que crece en los años setenta. Poco antes había conocido al dirigente electricista Rafael Galván, en cuya revista Solidaridad escribió. Por otra parte, hacia 1974 es destacado impulsor del sindicalismo de los profesores universitarios. La conversación sobre ese periodo salta de un asunto a otro y no menciona la creación del Sindicato del Personal Académico en la UNAM, ni su unificación con el sindicato de trabajadores administrativos. Aunque se recuerda la huelga del STUNAM en 1977, no se dice que fue violentamente quebrantada.

Las movilizaciones sociales de esos años fueron golpeadas, aisladas o, salvo excepciones, neutralizadas. Muchos de sus promotores se enfilarían a la lucha electoral. Dice Cordera: “Creo que las derrotas al movimiento social —sindical, campesino, popular— que despuntó después del 68 contribuyen a que la cuestión electoral, planteada por aquellas tímidas pero definitorias reformas electorales del presidente López Portillo y su secretario de Gobernación, ocupen el centro de la agenda, y lo significativo es que la política formal empieza a atraer más energías e intereses.”

En los setenta, Cordera trabajaba en la Secretaría de Programación con Carlos Tello, uno de sus amigos de toda la vida y con quien en 1981 escribiría La disputa por la nación. De esos años en el gobierno, comenta: “Aprendí realmente mucho y, a diferencia de otros colegas coetáneos y luego posteriores, también aprendí a valorar al sector público. Nunca lo vi como algo que estuviera reñido con una posición ideológica, digamos, de izquierda”.

Con sus camaradas que habían participado en las movilizaciones sindicales, entre otros frentes, Cordera auspicia la creación, en 1981, del Movimiento de Acción Popular, que muy poco después se fusiona con otras organizaciones para crear el Partido Socialista Unificado de México. Cordera considera que el MAP “sí representaba la oportunidad de participar en la construcción de una democracia representativa, propiamente dicha, en la que todos tuvieran la oportunidad de ganar y hacer gobierno. Algunos pensábamos que también se abría la posibilidad de recuperar muchas de las banderas y planteamientos de los años setenta en torno al proyecto nacional que daría continuación a la revolución mexicana, es decir, un proyecto de democracia social como lo llamábamos nosotros. Pero, no sé qué nos pasó. No tuvimos tiempo, calma, o no nos atrevimos. Creo que deberíamos haber dado una buena pelea en el PSUM porque abiertamente se convirtiera en un partido socialdemócrata”.

En una conversación como las que registra este libro es difícil hacer apreciaciones detalladas de asuntos que ocurrieron hace varias décadas. Pero en el balance de las izquierdas que hemos tenido, y de lo que hoy se conoce como izquierda, sería importante que se ampliaran reflexiones como esa. Con la creación del PSUM —que luego se transformaría en el Partido Mexicano Socialista sobre el que, a su vez, descansó la formación del PRD— parecía posible “incorporar intelectuales de una manera más intencionada, más activa. No quisiera decir que fracasamos, sería muy duro el juicio, pero sí nos quedamos a medio camino”, apunta el entrevistado. Dice también, en otro sitio del libro, acerca de los inicios del PRD: “Hay un problema de la izquierda mexicana llena de intelectuales, favorecida por grandes creadores, artistas y siempre en pleito con ellos… debimos haber dado la pelea por crear un contexto intelectual en la izquierda y plantearse los temas de fondo, que eran a los que nos convocaba el cambio político a la democracia. Ahí se quedó trunco el discurso”.

Estas Conversaciones compendian los trazos maestros de una biografía política que, desde luego, tiene muchos más pormenores. Hay amplios segmentos dedicados a dos grandes temas. Uno, es la participación de Cordera como escritor, comentarista y animador del debate en medios de comunicación: La Cultura en México en la revista Siempre!, Unomásuno, Punto, La Jornada, El Nacional, nexos y El Cuaderno que se encartaba en la revista, Configuraciones, que ha dirigido desde hace casi un cuarto de siglo. Junto a esas publicaciones destaca, por supuesto, Nexos TV que tuvo más de 500 programas semanales. El otro ámbito, sin el cual no se puede explicar su relevancia pública, es el trabajo académico de Cordera y su participación en la vida de la UNAM. Medios y academia son vastos espacios en donde ha insistido, practicándola, en la pertinencia del debate público.

En esas conversaciones no puede esperarse un compendio del pensamiento de Cordera, sino una somera recapitulación de su biografía política. Hay, desde luego, referencias a su inquietud constante por la desigualdad social, así como al vínculo indispensable entre economía y política (“el mejor vehículo, hasta ahora, para trazar esta conjunción es el Estado, tema que ha sido mi caballito de batalla”).

Las conversaciones no se adentran en otros momentos de la prolífica vida pública de Cordera. Por ejemplo el grupo Política Popular en los años sesenta, las coincidencias y discusiones con otros camaradas de Punto Crítico, las charlas con personajes como Rafael Galván, la coordinación del Grupo Parlamentario del PSUM y su funcional cercanía con diputados de otros partidos, el Consejo Consultivo del Programa Nacional de Solidaridad, el compromiso con el feminismo y las causas ambientales, la interlocución con empresarios, intelectuales, gobernantes, entre otros actores de la vida mexicana. Grabadas alrededor de 2019, en estas Conversaciones con Rolando Cordera casi no hay menciones al gobierno de López Obrador.

En un texto sobre el recién fallecido Antonio Skármeta, Sergio Ramírez acaba de escribir que las personas no tenemos una película de nuestra vida porque la memoria es un asunto de fotos fijas: “Lo que te queda son momentos congelados”. Los numerosos amigos de Rolando Cordera Campos aprecian siempre su chispeante y enterada conversación. Hay muchas fotos fijas en esa productiva y venturosa biografía.

 

Raúl Trejo Delarbre
Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia y Adiós a los medios.

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Publicado en: Sociedad y poder

Un comentario en “Un gran conversador

  1. En el texto se dice que la revista que dirige Rolando Cordera se llama Consideraciones. La revista, en realidad, es “Configuraciones”. Lamento esa errata.

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