En pocas horas, la protesta que comenzó la noche del 22 de abril entre las operadoras de las centrales Victoria y Madrid, en la capital del país, se generalizó por toda la República. Los trabajadores telefonistas rechazaron la revisión salarial que había pactado el dirigente sindical, Salustio Salgado. Al menos 40 ciudades quedaron sin servicio telefónico. Era 1976.
Centenares de trabajadores ocuparon el edificio sindical, desconocieron al comité nacional y crearon un Comité Democrático de las 19 secciones del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana. La Secretaría del Trabajo amenazó con despedirlos y la Procuraduría General, con encarcelarlos. Teléfonos de México era una empresa mayoritariamente estatal.
Los telefonistas mantuvieron el paro. Más que el aumento de salarios (querían 35 % y la dirección sindical aceptó 15 %) querían tener un sindicato en donde los dirigentes fueran realmente designados por los trabajadores. La madrugada del 25 de abril la Secretaría de Gobernación, por indicaciones del presidente Luis Echeverría, acordó con los paristas la realización de un referéndum. Salustio Salgado, a quien cuestionaban los trabajadores porque llevaba 14 años en la dirección sindical e impedía que hubiera elecciones libres, estaba muy seguro de ganar esa votación: “Yo que vi a mis operadoras llorando de agradecimiento, ya mero besándome los pies, no las puedo concebir protestando y votar en mi contra” (Excélsior, 27 de abril de 1976).

En aquellos días de protesta sindical destacó el liderazgo de Francisco Hernández Juárez, un trabajador de 26 años que el año anterior había participado en la exigencia de mejores condiciones laborales en el Departamento de Centrales Automáticas. Era tan poco conocido que, en su primera plana del 25 de abril, Excélsior se refirió a “Francisco Juárez Hernández”, invirtiendo sus apellidos.
Pronto se hizo popular dentro y fuera del sindicato, por el reconocimiento que le otorgaron especialmente las operadoras telefonistas y, también, por su apariencia desenfadada que contrastaba con la solemnidad de los dirigentes sindicales oficialistas. Hernández Juárez tenía barba y bigote, larga cabellera, chamarras de cuero y, en ocasiones, unas horribles camisas floreadas. El reportero Rodolfo Guzmán lo describió así para Excélsior del 26 de abril: “es delgado, muy esbelto, viste playera amarilla con cuello de ‘tortuga’, raída en una parte del hombro derecho. Usa pantalones de mezclilla y lentes”. Hernández Juárez había estudiado Ingeniería en el Politécnico y, allí, se vinculó al Ateneo Lázaro Cárdenas en donde ofrecía conferencias y orientación política el profesor universitario Enrique Ruiz García que escribía en la prensa con seudónimos, primero Hernando Pacheco y luego Juan María Alponte. Posiblemente la cercanía de ese personaje con el presidente Echeverría fue útil para que el gobierno aceptara las condiciones del movimiento prontamente encabezado por Hernández Juárez. Pero sin duda, su éxito se debió fundamentalmente al respaldo masivo de los trabajadores.
El 11 de mayo votaron 11 240 telefonistas, en 470 urnas colocadas en todo el país. A favor del comité encabezado por Hernández Juárez se registraron 14 888 votos, el 86.36 %. Al comité de Salustio Salgado lo respaldaron 1813 trabajadores, 10.52 %. Hubo además 539 votos (3.12 %) a favor de que se realizaran nuevas elecciones.
Con Hernández Juárez en su dirección el Sindicato de Telefonistas enfrentó complicadas circunstancias sobre todo en diferentes etapas de la modernización del servicio telefónico, cuando demandó que no hubiera trabajadores despedidos. En 1990, el sindicato respaldó la privatización de Telmex que dispuso el presidente Carlos Salinas. En 1987 Hernández Juárez se había adherido al PRI. En 2009 fue diputado federal por el PRD. En enero de 2025 manifestó: “lo mejor que le pudo haber pasado a este país es que llegara el presidente López Obrador”. Hernández Juárez fue presidente del Congreso del Trabajo y en diferentes etapas, el Sindicato de Telefonistas ha expresado posiciones críticas, aunque nunca drásticas, acerca de la política económica del gobierno.
La vida interna del sindicato ha sido frecuentemente intensa. Una de las primeras decisiones bajo la conducción de Hernández Juárez fue la expulsión de Salgado, el líder que lo precedió, y otros 15 dirigentes sindicales. En una década, entre 1978 y 1987, el sindicato estalló cinco huelgas, que no implicaron la suspensión del servicio porque el gobierno, en esos casos, requisó la empresa.
La permanencia de Hernández Juárez al frente del STRM ha sido avalada en votaciones por la mayoría de los trabajadores, aunque hay grupos que en cada elección denuncian que la dirección del sindicato los bloquea. También se han difundido acusaciones de desvíos de fondos, de la caja de ahorros de los telefonistas, por más de 2000 millones de pesos.
En el Sindicato de Telefonistas está prohibida la reelección en todos los cargos de la dirección nacional salvo para secretario general, al que se le permite reelegirse de manera consecutiva por una sola ocasión, de acuerdo con el artículo 54 del Estatuto sindical. En contra de esa disposición, Hernández Juárez ha sido reelecto una y otra vez con el empleo de un artículo transitorio que se aprueba en cada ocasión y que en la revisión estatutaria de 2023 estableció: “Para los efectos de la elección del Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana se permite participar al compañero Francisco Hernández Juárez, actualmente Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional, formando parte de planilla que solicite registro y como candidato al cargo de Secretario General. Consecuentemente no aplican las reglas del segundo párrafo del artículo 54 del presente estatuto, solamente en lo que se refiere al mencionado miembro del Sindicato, compañero Francisco Hernández Juárez”.
La aprobación cada cuatro años de una excepción destinada a beneficiar a una sola persona ha sido una irregularidad respaldada por los telefonistas pero contradictoria con el ánimo de renovación que manifestaban en 1976 y, en rigor, con la democracia sindical. Hernández Juárez ha considerado que su permanencia en el liderazgo es democrática porque la apoyan los trabajadores.
En los años 70 y 80 lo entrevisté en cuatro o cinco ocasiones. En la más extensa de esas conversaciones Hernández Juárez me dijo en 1979: “Sabemos, sí, que hay rechazo a la reelección porque a veces la permanencia de los líderes al frente de las organizaciones les ha hecho adquirir compromisos ajenos a los intereses de los trabajadores. Pero pensamos que conservando la democracia, los dirigentes tendrán una línea de la que no se podrán apartar”. (“La Cultura en México”, suplemento de Siempre!, 31 de octubre de 1979).
La vieja burocracia sindical era notoria y cuestionable, entre otras cosas, porque sus líderes se perpetuaban en los cargos. El líder del movimiento que en 1976 democratizó al Sindicato de Telefonistas resolvía ese problema con el argumento de que lo importante son los hechos y no las personas. En 1983 decía: “Lo importante es que los trabajadores tengan forma de expresar sus intereses y si sus intereses son los de apoyar a determinado líder, mientras que éste no pueda rebasar con su poder y su fuerza la capacidad de los trabajadores para poderlo sustituir, eso es lo importante”. (Entrevista de Jorge Octavio Ochoa en El Día, 16 de abril de 1983).
En mayo de 2008 Hernández Juárez anunció que al siguiente año dejaría la dirección sindical: “32 años como dirigente sindical fue demasiado tiempo”, explicó y tenía razón. Aseguró que permanecería un año más “para asegurar que el proceso de transición sea estable y sin turbulencias” (Vanguardia, 27 de mayo de 2008). Pero siguió allí. En septiembre de 2009, cuando era diputado federal por el PRD, dijo que resultaba “inapropiado” tener ese cargo y seguir como secretario general, así que plantearía a la asamblea sindical la elección de su sustituto para permanecer un año como “secretario general adjunto”. Pero allí se quedó. En junio de 2021 volvió a decir que ahora sí dejaría la secretaría general. Allí sigue.
Electo por primera vez en 1976, Francisco Hernández Juárez ha sido reelecto en doce ocasiones. La más reciente fue en 2024, para una gestión que concluye en 2028. Ha alternado, como secretario general, con diez presidentes de la República.
En 1989, cuando llevaba 13 años en la dirección sindical, los periodistas Jorge Fernández Menéndez y César Romero Jacobo reseñaban: “Han quedado muy lejos esos días del líder de pantalón de mezclilla, chamarras de cuero, barba y pelo largo. Hoy Hernández Juárez viste de sport, pero con marcada elegancia. El pelo y la barba se notan recién recortados, el reloj de oro hace juego con la cadena que pende de su cuello. La chamarra ha sido reemplazada por un saco de piel. La Mont Blanc asoma del bolsillo superior de sus camisas” (unomásuno, 22 de febrero de 1989).
Impulsado por un potente movimiento por la democracia sindical Francisco Hernández Juárez, que en septiembre cumplirá 77 años, fue símbolo de renovación frente a la vieja burocracia gremial. Medio siglo después, la excepción personal invocada en cada reelección suya ha sido convertida en regla. El Sindicato de Telefonistas cumple con las formalidades estatutarias pero su limitada democracia no es ética, ni estética.
Raúl Trejo Delarbre
Investigador Emérito en el Sistema de Investigadoras e Investigadores. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia e Inteligencia Artificial, conversaciones con ChatGPT.