Los incel y el crimen en el CCH

Antes de ir al CCH Sur, en donde asesinó a un estudiante, Lex Ashton Canedo se retrató con una máscara que imita el rostro de una calavera y una sudadera negra que muestra el letrero “bloodbath”, baño de sangre. También tomó fotografías de una guadaña, un par de navajas, siete envases aparentemente de gas pimienta, lentes oscuros y los guantes que llevó puestos. Esas y otras imágenes las subió a su muro de Facebook con la frase, en inglés: “La escoria como yo tiene la misión de recoger la basura”.

El 22 de septiembre por la tarde, en un estacionamiento del plantel Sur del CCH, Canedo asesinó a Jesús Israel Hernández, de 16 años. Ese muchacho estaba con su novia y parece ser que Canedo no lo conocía. Lo eligió porque estaba con una joven, a la que también quiso atacar. La intervención de un valiente trabajador, que resultó herido, impidió que hubiera otro crimen. Lex Ashton Canedo se echó a correr y, acorralado cuando lo persiguieron varios empleados de vigilancia, se aventó desde un tercer piso. Lo llevaron a un hospital, en donde quedó detenido.

Canedo participaba en espacios de discusión en línea de jóvenes que se autodenominan incels, abreviatura de “involuntariamente célibes”, que designa a personas que no tienen relaciones afectivas ni sexuales, aunque quisieran tenerlas. Los incel son hombres que no se animan a acercarse a mujeres, o que se quejan de que los rechazan.

Al encontrarse en las redes digitales, los incel se identifican por su incapacidad para relacionarse con mujeres. Intercambian opiniones sobre su aislamiento social y, aunque admiten que quisieran tener trato con mujeres, expresan una intensa misoginia. Hacen de su resentimiento una causa y despliegan una suerte de victimismo colectivo. Su timidez está ligada con una deficiente autoestima. Ellos mismos se consideran inferiores y manifiestan una frustración constante. En muchos de sus mensajes describen, a menudo con ilusión, qué harían si hubiera mujeres que los aceptaran. Como no es así y no reconocen que el problema está en su retraimiento, culpan a la sociedad y se solazan al exteriorizar su misoginia.

Hay una subcultura digital misógina cargada de odio que, en ocasiones, incita a la violencia. Los especialistas en problemas de conducta Brian Van Brunt y Chris Taylor explican en un libro sobre incels y violencia: “La actitud de los incel hacia las mujeres refuerza estereotipos negativos, perjudica el desarrollo y aumenta las interacciones negativas. Esto conduce a un mayor aislamiento y alienación de los incel de la sociedad en general y a menudo encuentran su único consuelo en las oscuras salas de chat de Internet. Esta soledad puede conducir a un aumento de la depresión y riesgo de suicidio. En casos extremos, su frustración se filtra y crece, concentrándose en herir a las mujeres que los rechazan y a otras que tienen relaciones exitosas y felices”.

El término incel surgió en un foro digital llamado “Involuntary Celibacy Project” que creó en 1997 una estudiante de Toronto. De allí pasó a foros casi exclusivamente de hombres, en redes como Reddit y 4Chan. En 2017 el foro incel más concurrido en Reddit tenía 40 000 miembros y fue cancelado por alentar la violencia contra las mujeres. La ideología incel coincide con el auge del pensamiento de ultraderecha, que tiene mucho de misoginia, sobre todo en Estados Unidos.

Los incel con frecuencia atribuyen sus problemas escolares y laborales a su marginación personal. Esas frustraciones han llegado a estallar en agresiones criminales. En mayo de 2014 en Isla Vista, cerca de Santa Barbara, California, Elliot Rodger de 22 años mató a seis personas, hirió a otras catorce y se suicidó. En un manifiesto que dejó, declaró que quería asesinar a mujeres porque lo rechazaban y a hombres sexualmente activos porque les tenía envidia. En abril de 2018, en Toronto, Alek Minassian, de 25 años, mató a diez personas e hirió a quince al atropellarlos con una furgoneta; dijo que se inspiró en Rodger. También en Toronto, en febrero de 2020, Oguzhan Sert, de 17 años, canadiense de madre mexicana y padre turco, asesinó a una mujer, en un spa, con un machete. Sert, que se encuentra preso, traía en el bolsillo una nota que decía “Larga vida a la rebelión de los incel”. Hay más casos criminales asociados a las creencias incel.

Los incel se encuentran y crean comunidades en las redes digitales. Sin ellas, sus ideas y reproches no se propagarían. Allí se refugian y, también, son vituperados por su discurso de odio. Adolescencia, la exitosa serie de Netflix, se acerca a ese tema aunque no se explaya en la cultura de los incel. Carolyn M. Byerly, profesora emérita en la Howard University en Washington y autora de numerosos trabajos sobre género y comunicación, considera: “No se puede culpar a internet ni a sus diversas redes sociales de generar pensamiento misógino ni de la violencia que dicho pensamiento genera en la vida real. Al contrario, quienes propugnan la misoginia, el racismo y la violencia emplean estas tecnologías para legitimar sus ideas, conectar con otras personas con ideas afines y crear una comunidad en línea unida por valores, ideas y tendencias comunes”. A menudo los contenidos violentos que circulan en las redes luego son amplificados en los medios de comunicación tradicionales.

En las redes sociales los incel utilizan términos que, al compartir entre ellos mismos, afianzan su identidad. Les dicen “chads” a los hombres atractivos, “stacys” a las mujeres deseadas, “normies” a las personas comunes, con la palabra “foid” se refieren despectivamente a las mujeres.

Lex Ashton Canedo, el asesino del CCH Sur, tiene 19 años, estudió en ese plantel, aunque aún no acredita varias materias. A la médica que lo evaluó en una unidad del IMSS, al día siguiente del crimen, le dijo que su padre tiene trastorno bipolar, su hermana padece depresión, él intentó suicidarse a los 15 años y desde hace casi dos años también tuvo trastornos depresivos. Dijo que recibió atención en un servicio psicológico de la UNAM.

Días antes del asesinato Lex Ashton –que es el nombre con el que participaba en espacios digitales– escribió en un foro: “Ya estoy harto de este mundo, nunca en mi pta vida he recibido el amor de una mujer y la neta me duele, me duele saber que los chads pueden disfrutar de las foids y yo no, yo ya lo he perdido todo, no tengo trabajo ni familia ni amigos, no tengo motivos para seguir con vida pero saben que, no pienso irme solo, voy a retribuir a todas esas malditas y todos lo van a ver en las noticias” (sic).

El muro en donde Ashton colocó ese lamento se llamaba “Farmacia Curincel” y fue cerrado por Facebook. Lo mismo ocurrió con media docena de grupos que, después del crimen, fueron creados en pretendido reconocimiento al asesino. Cada uno de ellos tenía pocas docenas de adherentes. El grupo denominado “CuriWizards Proyectados”, con opiniones a favor de los incel pero también ácidos desacuerdos con Ashton y el crimen que cometió, tenía 82 000 miembros y fue retirado de Facebook este lunes 29 de septiembre.

Los incel son resultado de frustraciones individuales, desigualdades sociales, de la difusión en redes, desajustes familiares… son parte de la sociedad contemporánea y del aislamiento en el que caen algunos jóvenes. Es un despropósito atribuirlos a la Universidad tan sólo porque un alumno desquiciado cometió el asesinato en un plantel de esa institución. De la misma manera, la Universidad no puede remediar la propagación ni el efecto de conductas enfermizas como la del joven criminal. La oferta de ayuda psicológica, la posibilidad de que los alumnos conversen con otros sus preocupaciones y las medidas de seguridad para ingresar a los planteles son adecuadas, pero el problema es de la sociedad y no de las instituciones académicas.

En otros países hay interesantes esfuerzos para discutir y, con información, atajar el desarrollo de este tipo de grupos. En Australia, por ejemplo, el gobierno y otras instituciones tienen un programa de explicación y medidas contra la violencia extremista, incluyendo la de carácter incel.

Hay que hablar de los incels y de otras patologías que abruman a los jóvenes y pueden ser violentas. Es preciso reconocer la multidimensionalidad de causas en ese problema y no elegir el fácil expediente de culpar a una institución, o a espacios de socialización como las redes sociales. Hay que reconocerlo como un asunto de salud, pero también de seguridad pública.

Raúl Trejo Delarbre

Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia y Adiós a los medios.

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Publicado en: Sociedad y poder

6 comentarios en “Los incel y el crimen en el CCH

  1. No se puede culpar a una
    institución tienen razon, sin embargo nuestra sociedad ha perdido muchos valores, la vida agetreada, la falta de unión familiar y la desintegración de las familias considero que es un fuego abrazador que provoca que nuestros jóvenes con juicios aun formándose no sean capaces de tomar decisiones que no lleven a la violencia, sin embargo muchos de nuestros jóvenes en ocasiones están sumidos constantemente en entornos violentos, lo cual hace que esas conductas se normalicen en sus vidas y su actuar. Es importante que trabajemos desde casa prestando atención a nuestros hijos, al circulo de amigos, a sus comportamientos o incluso a lo que ven en redes, no es con intención de violar su privacidad sino de conocer lo que ocurre en su entorno cuando no tienen confianza de comunicarlo a la familia. No debemos olvidar los valores y el amor y guia que necesitan dentro del núcleo familiar para ser personas capaces de identificar un acto bueno de uno malo.

  2. Gracias por compartir tan interesante tema y que nosotros como de padres de estudiantes recordemos en no minimizar el comportamiento de nuestros hij@s dentro o fuera de una institución académica.
    Que Se redoblen Esfuerzos de manera multidisciplinaria: padres,-estudiantes, docentes,rectores, especialistas, pero sobre todo, el gobierno haga un esfuerzo triple para auxiliar a familias completas que sufren temas psicológicos y derivan en los hij@s.

  3. La propagación desmedida de actos violentos y la facilidad para transgredir valores sociales morales y éticos son también un resultados de la imágenes de contenido agresivo y muchas veces criminal que tanto jóvenes como niños ven en películas, series, incluso comics. El aprendizaje vicario es una realidad que propicia la degradación social e influye negativamente en el desarrollo moral de la sociedad.

  4. TODOS SOMOS CO-RESPONSABLES DE LOS COMPORTAMIENTOS PATOLOGICOS QUE SURGEN Y DEBEMOS SER OBSERVADORES Y DENUNCIAR O SEÑALAR ESTOS FOCOS DE ATENCION.

  5. Entre los niños y adolescentes se surgen creencias donde ellos mismos no se creen suficientes, necesitan la aprobación de los demás, al sentir alguna insuficiencia en su vida y no saber como llenarla, recurren a la violencia pensado en satisfacer o llenar esos vacíos en el alma, que los hacen realizar actos innombrables, seria muy difícil notarlo en todos pues hay quien lo esconde bastante bien, pero seria tarea de personas cercanas notarlo, pero como se comenta aquí la familia también tenia sus propios problemas es difícil encontrar ayuda.

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