
Desencajada, la presidenta responde con dureza a cualquier insinuación que le resulte incómoda, trastabillea con frecuencia, acusa sin sustento y su discurso cada vez resulta más exasperado. Mientras más se conocen vínculos entre Morena y la delincuencia organizada, que se suman a una catarata de problemas crecientes nacionales, la desazón de la presidenta Sheinbaum resulta más evidente y no es para menos. Hasta sus ironías resultan forzadas y sus pretendidas burlas se le revierten. Diseñadas para mantener al presidente (luego a la presidenta) en el centro de la agenda pública, las conferencias mañaneras se han convertido en un escaparate de un gobierno acosado por sus propios desatinos.
El viernes 22 se anunció un Maratón por la Lectura —una causa sin duda noble y urgente— con un enlace de video desde Morelia. Mientras dos muchachas hablaban de la juventud y los libros, otras dos rompieron el protocolo de la transmisión y mostraron frente a las cámaras varios letreros con textos que, desenfocados, no se podían leer. Ante esa exhibición disidente, la presidenta exclamó entre risas: “También hay oposición en el maratón de lectura”. En esa frase, Sheinbaum expresó la molestia que le causan los gestos de discrepancia y el dejo burlón con el que intenta menospreciarlos.
Una de las jóvenes que intentaron mostrar sus pequeños carteles durante la transmisión que sería vista en Palacio Nacional le respondió al día siguiente a la presidenta Sheinbaum en un video en TikTok y en Instagram. Monserrat Martínez dijo:
“Hoy me llamaron oposición, porque de la nada dejé de ser estudiante, dejé de ser joven, dejé de ser mujer”.
“Y soy oposición simplemente porque alcé la voz. Sin duda, hoy Claudia ha dejado muy expuesto que cualquier persona que piense diferente a ella, que critique su gobierno, que incluso puntualice las incongruencias que se están realizando, va a ser categorizado como oposición. Y déjame decirte Claudia, entonces creo que la mayoría de los habitantes mexicanos ya somos oposición”.
La joven se refiere a la presidenta con desenfado, por su nombre de pila. Con la misma confianza, le manifiesta su desilusión por el desdén con el que soslayó su queja: “La protesta que realizamos el día de hoy junto con otra compañera nació del hartazgo social, de mostrar la crisis de inseguridad en el estado de Michoacán en la que estamos viviendo. Y sobre todo, que a Michoacán lo han dejado totalmente olvidado junto con sus municipios”.
Monserrat Martínez no necesita explicar con detalle la violencia que devasta a su estado. Pero subraya: “El gobierno tiene una deuda histórica con las y los michoacanos. Una deuda tan grande que no le va a alcanzar el sexenio a Claudia, ni a los gobiernos que entren después de ella, para que Michoacán vuelva a ser reivindicado realmente. Porque no, Claudia: el plan Michoacán no es una política pública de acción real, es una medida pragmática la cual decidiste implementar porque ya no sabías qué hacer”.
El reclamo de Martínez abreva en la desesperanza y el profundo enojo. De allí el giro que da su mensaje para desconocer simbólicamente a Sheinbaum: “Y la verdad mi gente, yo no me atrevo a llamar presidenta a una persona que se ríe de la protesta, que se ríe de las juventudes y sobre todo que se ríe del hartazgo de sus ciudadanos”.
Este es su razonamiento: “Por eso Claudia, hoy para mí, dejas de ser presidenta. Porque una persona que deja de escuchar, inmediatamente deja de gobernar. Y está bien, Claudia ¿me quieres llamar a oposición simplemente por pensar diferente a ti? ¿Por ser una persona con crítica, así como muchísimos mexicanos y mexicanas más? Adelante, llámame oposición, llámanos oposición. Porque esta oposición, oficialmente, te ha dejado de llamar presidenta de México”.
Monserrat Martínez es alumna de Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Nova Spania, en Morelia. Ella misma se define así: “joven originaria de Morelia, que busca comprender las estructuras de poder, con pasión profunda por la política y un firme compromiso con la justicia social. Convencida de que el conocimiento y la participación activa son esenciales para construir una sociedad más justa y equitativa”.
La de esa joven es una réplica afianzada en la protesta testimonial. Le incomodó que la presidenta dijera que es de oposición. Su queja la presentaba desde la base de la sociedad, al margen de partidos y formalidades institucionales. Sheinbaum en su comentario, aunque en tono pretendidamente jocoso, ubicó esa expresión en la polarización con la que pretende justificar su discurso, igual que su antecesor. Esa retórica del poder encasilla cualquier actitud crítica en la fractura polarizadora para descalificarla: como no están con nosotros, están en contra de nosotros; allí están los partidos que defienden al viejo régimen, etcétera, etcétera. Con su respuesta, Monserrat desbarata ese discurso: en la oposición, señala, caben muchos, inclusive ciudadanos que no se identifican con los partidos. Ser de oposición es una etiqueta que deja de ser incómoda. El poder la emplea para desacreditar. Ahora hay ciudadanos que la admiten como seña de identidad libre y crítica.
La insensibilidad política de Sheinbaum comienza a cobrarle factura entre los jóvenes. El discurso victimista, que todavía culpa a gobiernos anteriores por las ineptitudes de los últimos ocho años, no les dice nada a quienes no conocieron aquellos tiempos pero sí padecen los desaciertos y abusos actuales. A los jóvenes se les regatea incluso su derecho a la indignación. La presidenta, que ha enmascarado un tanto su propia biografía para mostrarse como ex dirigente estudiantil, se burla de una protesta juvenil. La joven Monserrat deroga esa trayectoria con una frase simbólica: “para mí, dejas de ser presidenta”. Se trata de una ruptura emocional, que tiene alcances políticos, con una mujer que posiblemente representó alguna esperanza para jóvenes que hoy la rechazan cuando advierten que su empatía era solamente pose.
En las mañaneras no hay derecho de réplica pero en las redes digitales, que además de la televisión que maneja el gobierno eran el espacio principal para difundirlas, hay quienes disputan con eficacia lo que se dice en ellas. En otros tiempos, una protesta local en Morelia hubiera quedado desapercibida. Ahora el ingenio de Monserrat y su compañera de protesta, pero sobre todo la desmañada respuesta de Sheinbaum, dan visibilidad a sus puntos de vista. Un pequeño video en TikTok subraya el autoritarismo de la presidenta. Todo ello en el mismo ecosistema digital en donde Sheinbaum y los suyos intentan afianzar su legitimidad.
En la medida en que la realidad es notoriamente peor al relato oficial, el poder político dice más mentiras, desdeña a sus opositores y construye señuelos para engañar a la atención pública. El humor forzado y las sonrisas rígidas de las mañaneras son expresiones de enfado ante una realidad que se les ha salido de las manos (y todo ello no es para alegrarnos porque de la desesperación en el poder no puede resultar nada bueno para la sociedad).
Enredada en las complicidades de Morena con la delincuencia organizada, de las cuales ha decidido no deslindarse, la presidenta protege a señalados como Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza. En el intento para que se hable de otras cosas, impulsa la persecución contra la gobernadora de Chihuahua. Será muy difícil probar que Maru Campos autorizó la participación de agentes de la CIA en la persecución al narcotráfico sin que esa colaboración fuera conocida y admitida por funcionarios federales.
A Morena y su presidenta no les importan los hechos, sino las apariencias. También en ese plano se pueden llevar otro descalabro. Mientras más la acosan, más se refuerza la sensación pública de que a una mujer que hace su trabajo con eficacia y valentía la persiguen por diferencias políticas. La presidenta y su gobierno junto con la dócil Fiscalía General magnifican la figura y las posibilidades políticas de la gobernadora Maru Campos.
Raúl Trejo Delarbre
Investigador Emérito en el Sistema de Investigadoras e Investigadores. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia e Inteligencia Artificial, conversaciones con ChatGPT.